Brenda Patricia Carrillo Irigoyen[1]
Introducción
El objetivo de este ensayo es conocer el efecto que tiene la metrosexualidad en jóvenes de esta ciudad, es decir, los que sienten gran preocupación por su imagen. Lo cual esta vanidad masculina con respecto a su arreglo personal, ha existido durante mucho tiempo a lo largo de la historia de la humanidad. Me interesa conocer que hay más allá de la definición, es decir, este tema lo desarrollé para que los jóvenes no lo tomen como una injuria o traten de resolver su masculinidad a golpes de puño, sino para que al momento de que un joven lea o escuche que ‘los metrosexuales han invadido el mundo’, entienda que ésta es una moda impulsada por las grandes marcas, sobre todo de la industria cosmética y que es un estilo de vida estrechamente ligado a la moda.
Este termino de metrosexualidad, está llegando poco a poco, por lo tanto hay que investigar sus efectos sociales, ya que es un problema emergente y del cual contamos con muy poca información, es un tema relevante para todos aquellos jóvenes que han adoptado este estilo personal y que tratan de encajar en un grupo determinado de amistades y dentro de la sociedad, y es importante para todos aquellos que tienen una relación cercana con estos jóvenes.
Mitología griega. ¿Desde donde viene la vanidad masculina?
Y así, cuando Eco dio con Narciso una mañana, justo cuando el joven estaba luchando con un ciervo al que acababa de capturar en sus redes, sólo pudo mirarle, y no hablar. Y así, sólo miró. Por sus venas, corrió el deseo. Aun cuando deseaba con todas sus fuerzas seducir al hermoso joven con sus dulces palabras, sólo pudo mover sus labios en vano. Intrigado, Narciso gritó: " ¿Cómo te llamas?".
"Llamas", contestó la ninfa. Y, incapaz de contener su deseo, salió de su escondrijo y se arrojó, ardiente y jadeante, sobre el hermoso joven quien, como ya estaba algo acostumbrado a estos comportamientos, se rehusó y se liberó rápidamente de su abrazo, perdiéndose en lo más profundo del bosque, dejando sus redes tras él. Una tarde, un mes después de haber huido de Eco, en un bosque apartado en lo alto del monte, Narciso cayó de rodillas, cansado de cazar y de ser cazado. Frente a él, corría un manantial de aguas claras y profundas, cuya superficie, gracias a la luz recibida a través de las copas de los árboles, era un espejo perfecto.
Narciso había visto muchas veces su propia sombra, pero jamás había visto su reflejo. Así, cuando, a cuatro patas, se inclinó hacia delante y miró en el manantial, quedó asombrado por la imagen de insuperable belleza que le miraba. No había visto jamás una cara como la que estaba escrutando. Por primera vez en su vida, se enamoró.
"Te quiero, te quiero" gritó mil veces al manantial. La cara, igual que la de Eco, movió sus labios pero no emitió sonido alguno. Incapaz de dejar la orilla del manantial, Narciso llegó a morir en ese lugar que no deseaba abandonar, mientras su cara, antes hermosa, se volvía desencajada y grotesca. Las ninfas de la montaña le encontraron y le habrían enterrado pero, cuando preparaban el funeral, su cuerpo se desvaneció y, donde yacía, se abrió una flor de pétalos dorados con delicados matices blancos (Burn, 1990: 68)
En la sociedad actual en la que vivimos, se podría mencionar que vive en el éxtasis de la imagen, un reflejo de la apariencia que nos gustaría tener, vivimos en la contemplación, aspiramos a vivir contemplados por otros.
Género, la vestimenta y el mercado. ¿Como afecta en la toma de decisiones?
Desde las guerras de independencia del siglo XIX hasta la reciente transición democrática, la moda de ropa y sexualidad han formado parte y límite de la imaginación política latinoamericana. El marketing de las imágenes de género y ropa sirvieron al Estado liberal como un vehículo para modernizar la cultura. La ropa, controlada por la égida de la moda, creó la ilusión de la elección y la libertada dentro de los límites claramente marcados por el decoro. Al mismo tiempo, munida de este discurso, América Latina fue capaz de competir con el estilo Europeo y lograr conciliar sus gustos con las tendencias del exterior. La moda fortaleció, los proyectos del Estado moderno; además garantizó un estándar en la ciudadanía que sirvió para vender y comerciar.
Los periódicos y revistas latinoamericanos de la época están llenos de artículos sobre la extravagancia y deseo del vestir y del disfraz y, como remedio, ofrecen guías de conducta para los lectores. Muy frecuentemente, temen el cambio de ropa y lo ven como la principal metáfora para estos siniestros engaños y, discretamente, recomiendan el buen gusto convencional para controlar las conductas debientes.
En este proceso, debemos subrayar que los sujetos individuales privados considerados desde el renacimiento como actores en el teatro de la modernidad, necesitan ser redefinidos cuando el género entra como una categoría de análisis; la presencia de sujetos sexuados cambia el debate para incluir una idea del cuerpo, lo público y el mercado. Por esa razón, el tema de la ropa adquiere especial importancia, pues utiliza los cuerpos sexuados como vehículos para bienes convencionalizados; su exaltada visibilidad esta, entonces, políticamente cargada. Sin embargo, la regulación del vestido y la identidad, controlada por el mercado y el Estado produce ramas alternativas de representación (Balderston y Guy, 1998: 315-330).
Lo efímero y los gustos. La relación entre ambos
Gilles Lipovetsky, desató polémica con un ensayo sobre el individualismo contemporáneo, donde afirmaba la necesidad de estudiar con más detenimiento la cultura de masas y sus efímeros movimientos. Habla sobre la moda y su destino en las sociedades modernas. Insiste en el desplegué de las tradición filosófica para atender al relativismo que subyace en el individualismo contemporáneo.
También se habla que esta época se identifica por el hiperconsumismo y por un sujeto hipermoderno; el hiperconsumo es un consumo que absorbe e integra cada vez más a la vida social y estimula al individuo a consumir, más que para escalar en la sociedad, para satisfacción personal; la sociedad hipermoderna se describe por el movimiento, la fluidez y la flexibilidad, y se aleja más que nunca de las grandes premisas estructurales de la modernidad; y el individuo hipermoderno, aunque encauzado hacia el placer y el hedonismo, siente esa especie de tención e inquietud que surge de vivir en un mundo que afronta un futuro incierto. Los individuos están desgastados por la angustia, el miedo se ha colocado a sus placeres y la ansiedad a su liberación. Todo les inquieta y les alarma (Lipovetsky, 2002: 49)
Todo esto que hemos estado mencionando nos ha llevado a las transformaciones de la familia, la educación que ha generado una estructura de la personalidad, en narcisismo, juntamente con unas relaciones humanas cada vez más crueles y conflictivas, para algunos. Y es que al ensancharse el ego, hay una menor socialización y, lógicamente como una ofensiva más cruel por las cosas elementales, muchas veces sin trascendencia pero son las que privan en un momento dado.
Mientras que para Bourdieu todo esto ésta íntimamente relacionado con la distinción de los gustos, y divide a esto en tres tipos de gustos que se relacionan en gran medida de los niveles educativos y con las clases sociales: el gusto legitimo, es decir, el gusto por lo legítimo o autentico aumenta con el nivel educativo, hasta lograr una continuidad más alta, en las secciones de la clase más dominante o más ricas en cuestiones de conocimiento; el gusto “medio”, que reúne los objetos menores que la anterior es más frecuente en las clases medias o que en las secciones “intelectuales” de la clase dominante; y el gusto “popular” encuentra su reiteración máxima en las clases populares y varía en razón.
La dependencia de la disposición estética con respecto a las condiciones materiales de la existencia, pasadas y presentes, que constituyen la condición tanto de su constitución como su realización, al mismo tiempo que de la acumulación de un capital cultural que solo puede ser adquirido al precio de una especie de retirada fuera de la necesidad económica.
Es una dimensión de una relación global con el mundo y con nosotros, de un estilo de vida en el que se exterioriza. Se deja ver como el comercio que se ve a través de la globalización nos vuelve mas enajenados, por lo tanto nuestra perspectiva es mas efímera, así como nuestra capacidad para desarrollar lazos de amistad o de convivencia con nuestras familias y por lo tanto con nuestro entorno social. Como toda especie de gusto, une y separa.
El gusto es el principio de todo lo que se siente, personas y cosas, y de todo lo que se es para los otros, de aquello por lo que uno se clasifica y por lo que le clasifica. Los gustos son la afirmación práctica de una diferencia inevitable. Los gustos son, ante todo, disgustos. La estructura de las relaciones entre todas las propiedades pertinentes, que confiere su propio valor a cada una de ellas y a los efectos que ejerce sobre las prácticas. La idea del gusto es propiamente burguesa, ya que presume la absoluta libertad de la elección por la “distancia de la necesidad”.
Narcisismo. Antecedentes de la metrosexualidad
Según el medico neurólogo austriaco Sigmund Freud (1914), designa un rasgo de la personalidad, caracterizado por una baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás, también menciona Sigmund Freud, este tipo de personas suelen exhibir una aparente autoestima formidable y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad con ello esta camuflando su vacio interno, su carencia real de autoestima. En la infancia temprana de estos individuos se encuentra a menudo una actitud indiferente o minusvaloradora por parte de sus progenitores, lo cual les deja una inseguridad que tratan de compensar por medio de una autoevaluación exagerada o irreal. Sobre la base de una carencia irreal temprana producida por una madre emocionalmente fría o indiferente, o con una agresividad encubierta hacia su hijo. La consecuencia es que necesita mirarse continuamente en el espejo de los demás para saber quienes son y al descubrir una pésima imagen de ellos mismos se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobre valorada hasta lo patológico.
El narcisista es el consumidor perfecto. Sus caprichos son ilimitados y satisfacerlos es una especie de permanente homenaje que le rinde a su propio ser. También es el ciudadano políticamente más práctico al sistema, puesto que busca la felicidad sólo en las gratificaciones al Yo. De ningún modo se va a solidarizar con otros para un propósito colectivo. Vive en el aislamiento del individualismo. Sus relaciones con los demás son superficiales. Vive enamorado de sí mismo y busca en la pareja que consolide ese amor por él.
Un elemento fundamental de esta investigación es el cuerpo humano, una de la reflexiones sobre el cuerpo menciona que es “móvil, atrayente o repugnante, inofensivo o amenazador…que debe experimentar, por lo visto, más intensamente su corporeidad para amoldarse mejor al mundo y a la sociedad que lo circunda” (Bernard, 1994: 11).
Por esto existe la perturbación narcisista que hace notar un riesgo de rotura, una pérdida de energía, una deducción del valor del yo. Una inquietud imprecisa. Un hueco vacío. Este vacio creería que substituye el encogimiento neurótico de tiempos pasados. Se piensan imágenes grandiosas del yo con una aguda necesidad de ser amados y admirados. Por lo tanto un narcisista centra su vida en la búsqueda de halagos. Si bien no pueden comparar interacciones emocionales muy características, por esto esperan gratificaciones vanidosas de los otros. Aunque tienen dificultades para reconocer los deseos y los sentimientos de los demás. Hablan de sus propios intereses con un aumento y con detalles incongruentes. Su objetivo es no depender de nadie, y no atarse a nada (Hornstein, 2000)
Por lo que mencionamos, es que pienso, el yo se ha desecho por una disponibilidad adecuada a la rapidez de los mensajes derivados de los medios de comunicación masivos. Es por esto que compramos la idea de la moda, de acuerdo al consumismo. El narcisismo es una etapa de la historia libidinal, de la constitución del yo y las relaciones con los objetos. Es un compuesto que integra diversas tendencias: la de hacer converger sobre si las satisfacciones sin tener en cuenta las exigencias de la realidad, la de la búsqueda de la autonomía y auto suficiencia con respecto a los otros, el intento activo de dominar y negar la alteridad, el predominio de lo fantasmático sobre la realidad. Freud estableció una historia libidinal e identificatoria con una sucesión de fases. Fase autoerótica: su fijación conduciría a un yo corporal que tiende a fragmentarse. Fase narcisista: se preservaría un yo unificado pero cuya unidad es posible localizando al perseguidor que podría desintegrarlo. A la fase narcisista corresponde también la melancolía, cuya problemática no es la consistencia del yo sino su valor. Fase homosexual corresponde no solo a la homosexualidad sino a todos aquellos cuadros clínicos en los que predominan la indiscriminación yo-no yo: investimiento narcisista de los objetos. Finalmente, fase heterosexual, punto de fijación de las diversas neurosis (Freud, 1917)
Quisiera hacer hincapié en que el narcisismo es un aspecto de la personalidad, un período de desarrollo o una instancia interna. Pero es también lo que hace posible para el sujeto una inclinación hacia sus representaciones las cuales lo identifican del resto de los sujetos. Y para reconocerlo debemos concebir al narcisismo desde un punto de vista organizacional.
La sexualidad incipiente se afirma en la supervivencia. Ni en los conflictos por los que pasa una vez constituida, ni en su constitución misma, la sexualidad se reduce a la maduración endógena de un instinto. Se producen dos series de inscripciones: la de las huellas mnémicas dejadas por una experiencia anterior de satisfacción y la de las excitaciones corporales mutadas en representantes psíquicos, que transmiten el mensaje del cuerpo en demanda de satisfacción.se trata de un recorrido que, habiendo partido del cuerpo, alcanza a la psique. Freud afirmaba que la pulsión es la exigencia de trabajo impuesta a lo psíquico a consecuencia de su nexo con lo corporal (Bleichmar, 1993). Lo que queda después de satisfecha la necesidad es un vestigio sobre determinado por la intersubjetividad es el placer y el objeto.
El objeto, en tanto ausente, esta inscrito en una materialidad capaz de recoger su huella. Lo perdido no designa ningún objeto, ni siquiera parcial, sino lo que todo objeto tiene la función de velar: la insoportable nostalgia por un objeto original que nunca se tuvo. Ese objeto perdido no será sustituible totalmente por ningún objeto ulterior.
La alineación inicial del yo en la imagen especular inaugura la dialéctica de la identificación con el otro, la que, por síntesis dialécticas sucesivas, desembocara en la resolución “asintótica’ durante el Edipo y generara esa discordancia del yo con “su propia realidad” (Lacan, 1966). Desde el estadio del espejo, el individuo es capturado por una cadena casual de la que nunca será otra cosa que un efecto. La imagen en el espejo manifiesta la naturaleza imaginaria del yo. El yo se constituye en forma alienada como un efecto de desconocimiento de si a través del reconocimiento del otro. Al reconocer su imagen en el espejo, el niño se identifica con ella. Esa imagen virtual le permite construir una imagen completa de si mismo que contrasta con las sensaciones de incoordinación motora. Para que exista una imagen del cuerpo estructurarte y estructurada se requiere que la madre nombre lo que el poder sensorial descubre, acompañando esta denominación con un signo que de cuenta del placer que siente al reconocer lo que producen las funciones parciales del niño.
Pensar es crear y no repetir. Cuando la capacidad de pensar es parasitada, hipotecada por la idealización de otro o de un discurso al que se le atribuye función de saber absoluto, lo ocurrido no es sino una regresión, pues no se ha logrado el reconocimiento de que no hay saber absoluto, reconocimiento que vuelve legitima la aspiración a saber. La idealización amputa, amedrenta, anonada, despoja, intimida, inhibe, somete, paraliza. Para decirlo todo aliena. El deseo de no tener que pensar es la victoria de la pulsión de muerte que convierte el pensamiento en una actividad ecoladica, estereotipada, mimetizada con lo idealizado (Aulagnier, 1979).
La “empatía” tal como es definida por Kohut, es un modo de escucha que va más allá de la identificación: no se trata de reconocerse en el otro, ni que el psicoanalista se pregunte que haría o sentiría en su lugar, sino de aprehender su punto de vista subjetivo. El psicoanalista forma parte de aquello que observa, no es una pantalla de proyección sino un lazo arcaico. Las interpretaciones “clásicas” no tienen efecto en pacientes que se sienten heridos e incomprendidos. El analista será utilizado como función y no como objeto de proyección. Esa utilización, más que ser un obstáculo, es una manifestación de la problemática del paciente, al que no se lo debe frustrar sino satisfacer en su demanda (Kohut, 1977: 226).
Metrosexualidad. ¿Es sólo una moda que han adoptado?
La palabra “metrosexualidad” fue inventada en Inglaterra por Mark Simpson (1994). Define al ‘nuevo hombre del siglo XXI’. El metrosexual es un hombre que vive en la metrópolis y le gusta vestirse con ropa de marcas famosas, se arregla las uñas (manicuras), cuida su piel (faciales, tratamientos, etc.), usa cremas, se tiñe al cabello, etcétera. Menciona que un metrosexual es un hombre que siente una gran preocupación por su imagen y se caracteriza por gastar en cosméticos y en bastante ropa, más que la media. Término de aparición reciente, el prefijo metro proviene de metrópolis y refleja que se trata de una tendencia principalmente urbana.
Un factor determinante por la que un hombre decide ser metrosexual, es para conseguir un buen puesto de trabajo y ser competitivo al mismo tiempo, ambos sexos deben tener buen aspecto, es decir, tener el corte de cabello adecuado y la vestimenta apropiada, sentencia el estudio de Euro RSGG. Las famosas marcas de cosmética han visto en el metrosexual un nuevo mercado y han lanzado toda una gama exclusiva de productos para él: shampoo para combatir la caspa, cremas antiarrugas, tónicos hidratantes vitaminados para después del afeitado, entre otros. Mientras que ahora la industria esta viviendo su etapa dorada. Este hecho no sólo se observa en la revolución de la moda masculina ni en la aparición de cosméticos para hombres, sino que los publicistas han modificado la forma de presentar sus productos. Un ejemplo son los anuncios de automóviles que ahora hacen mas énfasis en la persona que conduce y en los sentimientos que experimenta en lugar de relatar las características del coche, el pragmatismo ha dado paso a la sensibilidad.
Conclusión.
Quisiera concluir que la metrosexualidad es más que una moda pasajera, sino que forma parte de una sociedad que va cambiando y que por lo tanto, el joven se va amoldando a las circunstancias de su entorno desde los estilos de consumo del desigual sistema capitalista, y en el cual cientos de jóvenes quieren sentirse iguales con roma de marca usada o pirata.. Y que lo positivo de esto es que se va a romper con esa barrera que separa a los géneros, en cuestiones de vestimenta y de cultura, ya que en la metrosexualidad no solo se consumen productos de un género sino de ambos y que esto puede llegar a ser positivo para lograr esa equidad de género que muchas organizaciones buscan lograr alcanzar.
Quiero concluir que el término “Metrosexual” se ha popularizado y que está relacionado sobre todo con algunos hombres famosos, como ciertos deportistas, cantantes, actores. Porque detrás de esa supuesta vanidad que se puede tener o no, se esconde un noble sentimiento de querer compartir parte de sí mismo, pero también le gusta disfrutar de la compañía de la belleza femenina.
Bibliografía.
Burn, L. (1990). Greek myths, Londres: The British Museum
Bernard, M. (1994). Le corps, Barcelona: Paidós.
Bleichmar, S. (1993). La fundación de lo inconsciente. Buenos Aires: Amorrortu
(1914) On Narcissism: An Introduction. Buenos Aires: Amorrortu
Lacan, J. (1966) Escritos II. México: Siglo XXI.
Aulagnier, P. (1979). Los destinos del placer. Barcelona: Petrel
Kohut, H. (1977). The restoration of the self. Nueva York: International Universities Press
Bourdieu, P. (1988) la distinción. Criterios y bases sociales del gusto. España: Taurus
Lipovetsky, G. (1983). La era del vacio. Barcelona: Anagrama
(1944) El imperio de lo efímero. Barcelona: Anagrama
Referencias electrónicas.
Simpson, M. (1994). Mett the metrosexual, publicado el 22/07/02: libro electrónico.
Freud, S. (1917). Una dificultad del psicoanálisis tomos XVIII. Argentina: Amorrortu.
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